A los 15 años, Diamond HM tomó una decisión que a esa edad pocos se atreven a nombrar en voz alta: la música no era un pasatiempo, era el camino. No hubo un show revelador ni un mentor que se lo dijera. Fue algo más simple y más terco: llevaba años haciendo remixes, mashups y bootlegs sin que nadie se lo pidiera, solo por entender cómo se arma una canción y cómo esa canción llega a alguien.

Años de construcción silenciosa

De ahí en adelante todo fue construcción metódica. En 2018 entró a Romo DJ's a formalizar lo que había aprendido solo, y cuatro años después, en 2022, publicó Watermelon, su primer sencillo: el momento en que pasó de mezclar música de otros a firmar la suya propia.

La ecuación entre energía y emoción

Pregúntale por su sonido y no habla de BPM ni de subgéneros. Habla de una ecuación: energía de un lado, emoción del otro. "Busco que cada producción tenga una identidad propia", dice, "y que quien la escuche recuerde no solo el ritmo, sino la sensación que le dejó". Es una frase que podría sonar a cliché de artista si no fuera porque señala, sin decirlo directamente, a su referente confeso: Avicii, a quien nunca conoció pero cuya manera de convertir una melodía en un estado de ánimo describe como una inspiración que no se apaga.

Confiar en el oído, no solo en el dato

Lo interesante de Diamond HM no es que tenga un método —investiga tendencias, revisa métricas, estudia a su público antes de producir— sino que desconfía de su propio método. Insiste en que ese análisis no puede definir el resultado final; existe solo para servir a algo anterior, que es su identidad como artista. Cuando el proceso se traba, no fuerza: se detiene, escucha referencias nuevas y vuelve más tarde con otra cabeza. Es, según cuenta, el único tramo del oficio que todavía no logra disfrutar del todo.

"Que quien la escuche recuerde no solo el ritmo, sino la sensación que le dejó".

Vida fuera del estudio

Fuera del estudio hay otra rutina, menos glamorosa pero igual de deliberada: videojuegos como descompresión y una formación activa en marketing, porque para él el talento sonoro ya no alcanza. "Hoy ser un buen DJ o productor ya no es suficiente", resume, "también es necesario entender de marketing, construir una marca personal y conectar con la audiencia". Su familia sigue esa doble carrera —la musical y la profesional— desde la distancia justa: sin meterse en cada decisión, pero con un respaldo que él identifica como la base de su confianza.

Una escena ecuatoriana en construcción

Esa misma mirada estratégica la aplica a la escena ecuatoriana, que describe en crecimiento pero todavía de nicho. Nombra a Xpotrónica, RotoFest y Lost Beach Club como los espacios que sostienen el circuito local, y pide algo que rara vez piden los artistas en una entrevista: más colaboración entre colegas, no más competencia.

Dos lanzamientos, una sola identidad

Lo que viene confirma esa doble identidad que reclama para sí mismo. Prepara, junto a un productor con el que ya ha trabajado antes, dos lanzamientos que van en direcciones opuestas a propósito: uno de energía intensa y potente, otro de calma y conexión emocional. Ninguno de los dos, dice, debería sonar a una versión menor del otro —ambos son él, en registros distintos.

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