Hay proyectos que nacen de una idea de sonido. RUDO nació de una convicción distinta: que la música puede ser una herramienta para levantar a alguien cuando siente que ya no puede más. Esa certeza es el punto de partida de todo lo demás —la máscara, el techno melódico, el rojo que hoy domina su estética— y también la razón por la que, hablando con él, cuesta encontrar una sola respuesta que no vuelva a esa misma idea.
Un personaje con un propósito
Lo primero que llama la atención de RUDO es, precisamente, lo que no se ve: su rostro. La máscara es la imagen central del proyecto, pero él es tajante en aclarar que no se trata de un disfraz. "No se trata de quién está detrás, sino del mensaje que se transmite", explica. En una escena donde con frecuencia se idolatra a la persona detrás del nombre, RUDO eligió quitarse del centro: "Quiero que la atención esté en la música y en lo que puede provocar en el corazón de quien la escucha".
Esa decisión, dice, no es solo estética sino también funcional. La máscara le da permiso para decir cosas que quizás no diría sin ella, porque le recuerda constantemente que el protagonista no es él. "Me permite dejar el ego a un lado y enfocarme en decir lo que realmente importa", cuenta. "Es un símbolo para recordar que el mensaje siempre debe estar por encima del artista".
Tocar fondo y salir a flote
Detrás del nombre hay una historia personal que RUDO no oculta, aunque tampoco la convierte en el centro de la conversación. Habla de haber atravesado momentos de incertidumbre, de sentirse perdido, de preguntarse si quedaba algo de esperanza. Fue en ese lugar, dice, donde encontró que hasta los momentos más oscuros pueden transformarse en algo con propósito. "No porque tenga una vida perfecta", aclara, "sino porque he experimentado que siempre es posible volver a levantarse".
Esa idea atraviesa buena parte de su catálogo. En "Cicatrices" trabaja la noción de que las heridas no restan valor a nadie: son parte de una historia y pueden convertirse en testimonio de que se sobrevivió y se siguió adelante. "Caminando Solo", en cambio, habla de esos tramos donde parece que nadie entiende lo que uno está viviendo, aunque —insiste RUDO— "incluso cuando sentimos que caminamos solos, nunca estamos realmente abandonados".
Techno en español, para hablarle a una comunidad
RUDO se mueve entre el techno y el techno melódico, pero su decisión más deliberada quizás no sea sonora sino idiomática: cantar y producir en español. Creció, dice, "hablando español y soñando en español", y notaba un vacío en un género donde la mayor parte de la música que lo marcó llegaba en inglés. "Sentía que hacía falta alguien que hablara directamente a nuestra comunidad, a la gente que piensa, siente y lucha en español".
Detrás de esa apuesta hay también una convicción sobre el género: que el techno en español puede cargar el mismo peso emocional que cualquier otro. Describe su sonido como "un viaje entre la oscuridad y la esperanza", con la energía suficiente para hacer bailar pero también con melodías y letras pensadas para dejar algo después de que termine la canción. Ese propósito ordena incluso su proceso creativo: antes de abrir el DAW, se pregunta qué quiere que alguien sienta al escuchar el track, y solo entonces empieza a construir la producción a su servicio. Las atmósferas, explica, representan la incertidumbre y la tensión; los drops, el momento de decidir levantarse. "No los hago solo para generar impacto en una pista de baile; quiero que también transmitan emoción y esperanza".
De host a productor, y una comunidad que responde al llamado
RUDO no solo produce: también es host en LATAM Electrónica, un rol que describe como una escuela paralela a su carrera como artista. Conocer a otros productores, dice, lo empuja a seguir creciendo, pero también le recuerda algo que considera central: "la escena no se construye solo pensando en uno mismo. Se construye apoyando a otros, creando comunidad y abriendo espacios para que más talento pueda ser escuchado".
Esa filosofía se refleja en cómo describe a quienes lo siguen: una comunidad que busca "algo más que música", personas que quieren salir adelante y encontrar esperanza incluso en los momentos difíciles. Los mensajes que recibe de oyentes que dicen haber encontrado fuerzas en una canción, asegura, valen más que cualquier cifra de reproducciones.
La fase roja
En los últimos meses, el rojo se volvió el color dominante de la estética de RUDO, y él mismo lo explica como una etapa con nombre propio. "La fase roja representa el momento en el que dejas de sobrevivir y decides pelear", dice. No es un color de violencia ni de enojo, aclara, sino de valentía, pasión y determinación: el punto en que se elige enfrentar el miedo en lugar de seguir cargándolo.
"Las batallas más importantes no se libran contra otras personas, sino dentro de uno mismo".
Y cierra con la frase que, de algún modo, resume todo el proyecto: si alguien logra vencer esas batallas internas, "ya ganó la más difícil".
Para quien apenas descubre su música en un mal momento, RUDO tiene una sola aspiración: que por unos minutos sienta que no está solo, y que su historia no termina en el dolor que está viviendo hoy. Si una canción logra eso, dice, "ya cumplió su propósito". Porque, al final, eso es RUDO: un recordatorio de que siempre vale la pena seguir adelante.
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